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Todos hemos vivido, en algún momento de nuestras vidas, grandes inseguridades respecto a nuestra apariencia. Demasiado bajit@, demasiado gord@, brazos cortos o muy largos, e incluso un color de cabello que no nos satisface. Y si vives en un país obsesionado con la belleza (como el mío), también la opinión de los otros puede ser determinante en la forma como te percibes a ti mism@. O sea que no basta con esa vocecita interior que te dice que no eres suficientemente atractiv@: alguien más, en algún momento, lo reforzó con sus comentarios.

Tal vez fue la excusa para no darte un empleo, aunque cumplías con todos los requisitos intelectuales y profesionales. Tal vez una pareja se burló de tu cuerpo a pesar de que le entregaste el alma entera. O, simplemente, tu propia familia se preocupó por que tus kilos de más te hicieran diferente a ellos. Créeme: yo lo he vivido y algunas amigas también; por eso, sentí la necesidad de escribir sobre este tema.

En un mundo donde parecer es más importante que ser, es lógico aterrorizarse por no lograr el éxito en absolutamente todas las áreas de la vida, incluyendo la apariencia. Y si a esto le sumamos la cultura de los filtros, el maquillaje y el Photoshop, no es de extrañar que cualquiera que no domine estas técnicas quede rezagado en la carrera de «ligar». Fuera del mundo virtual, admiramos lo que vemos en la calle y rechazamos lo que vemos en el espejo, que no es más que una reflexión de nuestras emociones, de cómo nos sentimos con nosotros mismos en un determinado momento.

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Pero, ¿qué sucede cuando nuestra autoimagen está destruida por un “defecto” que nos obsesiona, como alguna arruga o el tamaño de los senos? ¿Es algo que no te deja dormir o te impide socializar? Tal vez estás ante un caso de Trastorno Dismórfico Corporal (TDC), que te está haciendo ver un defecto casi imperceptible o inexistente como un impedimento para llevar una vida normal.

Muchas personas tienen la creencia de que estos problemas son absolutamente físicos, y que un tratamiento o cirugía plástica serán suficientes para desaparecer la causa de todos los males. Las estadísticas indican que estos sujetos quedan igual o más insatisfechos que antes y continúan operándose, solo para obtener el mismo resultado.

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(Si no me crees, pregúntale a ella)

Por esto, lo más importante es obtener ayuda psicológica profesional si sientes que hay algo en tu apariencia que está incomodándote en exceso, impidiéndote realizar tus sueños. Debes ser TÚ quien dé el primer paso para sanar la mente y, después de sentirte fortalecid@, tomar las decisiones que consideres correctas. Lo que NUNCA estará bien es ceder ante la presión de otros solo por encajar. Cuando entiendas que tu autoestima es tu arma más poderosa, habrás dominado las voces internas que te dicen que no eres dign@ de admirar.

En algún momento leí la frase: «No hago ejercicio porque odie mi cuerpo; lo hago porque lo amo», y creo que esta es la actitud que todos deberíamos tener. Llevar una vida más saludable, además, puede resolver ciertos problemas estéticos, como el exceso de peso o la apariencia de la piel, pero siempre lo más importante es que logres un bienestar integral, el sentirte cómod@ en tu propia piel sin importar lo que otros opinen.

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Nadie es absolutamente perfecto, por más que nos lo quieran vender, así que enorgullécete de tus atributos (porque de seguro los tienes) y ¡sal a comerte el mundo, con todo y su Photoshop! Los dejo con este increíble tema de la agrupación TLC:

¡Hasta la próxima entrega!

Sobre El Autor

Rose Dupouy

Cantautora. Escritora. Productora. Locutora. Fotógrafa. Emprendedora. Soñadora. Viajera. Grammar Nazi. Sarcástica. Animal Lover.

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