Unos días atrás estaba tranquilamente disfrutando de un día de piscina, hacía muy buen tiempo, el sol en todo su esplendor, brisa que rozaba la vegetación, y todo indicaba que iba a ser una mañana de relax… puse mis cosas cerca de un árbol que daba sombra, hasta que en mi momento de paz y de la nada llegaron varios chicos y chicas, que tendrían entre 18 y 20 años, un grupito como de unos 10 o 12, que hicieron su entrada triunfal con gran alboroto, gritos y jaleo de aquí y allá; pero lo que más me llamaba la atención, no era precisamente que ya estuviera dando por perdida mi tan ansiada tranquilidad, si no que de cada 5 palabras que decían entre ellos 2 o incluso 3 eran palabrotas…Es decir palabras mal sonantes, que en mis oídos retumbaban con fuerza…como si en lugar de palabras, escuchase un martillo dar golpes contra una pared…

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A partir de ese momento, mi mente empezó a entretejer muchas ideas al mismo tiempo…¿De dónde viene este sentido absurdo de decir palabras groseras y hacia dónde va?

Si bien es cierto que no estoy libre de este mal, pues ocasionalmente las digo, veo una tendencia clara hacia una juventud que quiere encajar en unos parámetros preestablecidos, en unos grupos sociales irrefrenables, que de manera continuada repiten malas palabras o las transmiten por todos los medios, como si estas fueran el pase asegurado para permanecer en esos grupos o considerarse ¨cool¨ o  ¨guay¨…

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Veo también la falta de personalidad entre ellos que se siguen mutuamente, y me pregunto, ¿cuanta carencia de valores existirá en sus casas o en sus vidas, para que el  miedo a no encajar los frene de dar un paso al frente y diferenciarse del resto?

El autor panameño, Ruling Barragán, en un artículo del 2002 de la Revista online: filosofía para la vida,  expone que las palabras no son malas ni buenas, ya que en sí mismas son sonidos o figuras, sin embargo, las malas palabras tienen connotaciones negativas que se transmiten, y que la persona en sí, consciente o no, hace un daño moral al que lo escucha, de esta forma aunque se esté habituado a decirlas, y no se tenga intención de ofender, de igual manera denota que algo no está bien en esa persona. Ruling comenta lo siguiente: ¨ Una persona malhablada es quien constantemente se expresa de manera vulgar o soez. El hábito de repetir palabras ofensivas no es sino la manifestación psicológica y lingüística de un sistema emocional afectado. En algunos casos, el malhablado se hace proclive a la violencia. Esto no es casual, hay un vínculo natural entre la violencia y el mal hablar¨

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Aquí otra de mis preguntas…¿Está la juventud afectada por una tendencia natural hacia la violencia? A juzgar por su lenguaje aplicado podemos hacer nuestras propias conclusiones, sin embargo, yo prefiero no meter a todos en el mismo saco, pero sí ser conscientes del terreno en el que pisamos… Como padres, madres, tenemos que reflexionar ante esta manifestación, porque dice mucho de la sociedad y en general de la educación que se está recibiendo…

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Hace unos años atrás insultar a un profesor era casi un delito, el respeto era lo principal…Hoy en día disculpamos todo con cualquier excusa y esto no ayuda a los jóvenes que no ven peligro alguno en el insulto, es más no toman conciencia de lo que sale de sus bocas al hablar, y así libremente y gratuitamente también se hace daño…

Pero… ¿Qué hacer para romper este círculo vicioso? ¿Cómo hacer para que las personas malhabladas dejen de quedar bien con los amigos, den un paso al frente y hagan saber a su interlocutor, el daño que hace?

Ruling es muy claro en este aspecto, dice: ¨ Se requiere de mucha fortaleza moral y consciencia para romper con el mal hablar. Una manera práctica de hacerlo es reemplazar una mala palabra por una aceptable…Cuando hacemos estos reemplazos, no estamos cambiando una palabra por otra, en el fondo estamos cambiando (o intentando cambiar) una actitud emocional por otra mejor, que evita ofender o herir…¨ 

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Esto realmente es toda una proeza, más considerando lo extendido que está el tema principalmente entre  la gente jóven, y aunque es verdad que un granito no hace una montaña, también es cierto que si no ponemos de nuestra parte, nada cambiará, todo está en empezar y hay que tener en cuenta que ayudando a los demás a tener un vocabulario limpio de malas palabras, contribuimos a nuestro bienestar y el de los demás…@noesmda

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