Alguna vez leí que que el guerrero que aspiraba a convertirse en samurai, debía someterse a una dura prueba final. Era dejado en medio de un peligroso bosque bordeado de acantilados y debía cabalgar de regreso a casa. El gran obstáculo es que así como había llegado debía emprender el retorno: con los ojos vendados. Sólo si lo lograba, se convertiría en samurai. La venda pareciera la gran dificultad, pero en realidad era un medio para facilitar su escucha interna, pues guiado por la mente difícilmente  hallaría el camino de vuelta, tal vez el miedo le hubiese apartado de la senda mas oscura o hubiera desistido ante un camino muy tortuoso. Por encima de la razón, era su voz interior la única que podía susurrarle el camino de vuelta.

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Esa historia movilizó algo dentro de mí y comprendí que la intuición se manifiesta únicamente en los espacios de no razón, es decir, en ausencia de razonamientos. Simplemente, no se puede analizar y sentir al mismo tiempo.

Cuando se toca el tema de la intuición se tiende a hablar acerca de técnicas para desarrollarla o cultivarla, o incluso de elegidos que tienen esa facultad excepcional, cuando lo cierto es que la intuición es sólo un nombre para identificar la voz de nuestro corazón o del yo sabio que habita en todos y cada uno de nosotros. El reto no está en hacernos intuitivos, porque todos lo somos, sino en adquirir una actitud perceptiva y aprender a confiar en nuestro sentir.

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Tenemos corazonadas prácticamente ante cualquier situación y siempre se manifiestan en forma de impulso antes de que empiecen los pensamientos. Tal vez sea esa una de sus grandes dificultades, que la intuición no la escuchamos en nuestra cabeza como un pensamiento sino que la sentimos, porque se expresa como una emoción. En la dinámica del día a día, una emoción es fácilmente silenciada entre la multitud de voces que surgen de nuestras cabezas, emitiendo juicios de valor y dando rápidamente una respuesta analítica a cada problema, que termina por alejarnos del camino correcto.

Es importante que tengas la intención de convertirte en un observador consciente, atento a la dinámica de emociones y pensamientos que ocurren dentro de ti. Así, podrás ser testigo de tu impulso inicial y todo el juego mental que le sucede y que busca descalificarlo. Eso es lo habitual, pues por lo general la voz interior contradice las reglas de la lógica y es allí donde entra en juego la confianza, ¿te atreves a contrariar los dictámenes de tu razón?

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Yo te propongo que pongas a prueba tu intuición. Ve construyendo la confianza en tu intuición al igual que vas depositando la confianza en las personas a tu alrededor hasta convertirlas en tus amigos: progresivamente, en la medida en que vas sintiendo que te puedes relajar y que son leales. No es necesario que te comportes como un samurai con tendencias suicidas y cabalgues a ciegas por el bosque, o para darte algunos ejemplos más contemporáneos, abandones un trabajo estable o te mudes con alguien que acabas de conocer guiado por lo que crees es tu intuición. Es mejor ser prudente, porque crear ese espacio de silencio interior donde puedas escucharte en las pausas entre pensamiento y pensamiento también requiere tiempo.

Empieza con los pequeños detalles y date la oportunidad de construir esa confianza en tu voz interior. Percibe esos impulsos en las cosas triviales, en aquellos momentos en que decides si coges el paraguas, eliges que zapatos te pones, decides o no cargar un libro a cuestas o decides la vía que tomas para volver a casa. Lo que ocurre al principio es que cargas el paraguas el día que no llovió aunque el pronostico del tiempo daba 70% de lluvia -te pareció absurdo que tuvieras el impulso de dejarlo-, se te rompió el zapato que por alguna razón no querías usar aunque era el que más combinaba, dejaste el libro justo el día que tuviste que esperar un montón de tiempo en el banco -creíste que no merecía la pena cargarlo- y de casualidad hubo un atasco terrible en la vía más rápida -se te hizo loco ese impulso de tomar el camino largo-. En todos los casos, hiciste lo que te dictaba la razón aunque algo en tu interior te invitaba a que hicieras lo contrario. Eso es natural y es perfecto, con esos tropiezos irás construyendo la confianza en tu voz interior. Con el tiempo van a ser mas frecuentes las veces que dirás menos mal que lo hice, a las veces que te lamentarás reprochándote que lo sabías.

Amígate con tu yo sabio, esa parte de ti que lo sabe todo, y que siempre ignoras. Permítele que se manifieste y acepta su ayuda, verás que mucho más allá de la lista de pros y contras, él siempre te conducirá por el camino correcto. 

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La historia del samurai se la conté a mi sobrina mayor cuando tenía tal vez cinco años. Fue genial ver lo natural que le pareció advertir cuál era su primer impulso y aún más genial fue cuando me dijo un día mientras jugábamos a las escondidas que supo donde encontrarme porque se lo había dicho su corazón. Sólo deseo que nos sea tan fácil como a los niños volver a conectar con ese poder que mora dentro de nosotros.

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Sobre El Autor

Amante de la escritura y la comunicación. Ser humano en construcción. Recorro el camino del yoga, la meditación y la formación junguiana, para crecer en consciencia. Comparto mis reflexiones acerca de la vida y te invito a comprometerte con tu propio proceso de autodescubrimiento y transformación personal. Instagram soymiguru / www.soymiguru.com

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