La primera vez que experimenté el yoga fue gracias a que una amiga me invitó a unas clases gratis que se daban en una plaza. Esta sería la crónica de aquel día: mi flexibilidad dejaba mucho que desear, me enamoré de la belleza y la gracia con que la profesora hacia las posturas, me quedé dormida en savasana (que es la postura final de relajación, conocida como el cadáver) y eso que duramos allí solo unos pocos minutos y esa noche tuve el sueño más reparador que había tenido en mucho tiempo. De eso ya han pasado muchos años, muchas shalas, muchos maestros y mucha gente hermosa con las que he compartido mis prácticas. Ha sido una aventura maravillosa.

Al principio me entusiasmaba ir por lo retador que era para mi cuerpo. Mi amiga y yo bromeábamos diciendo que íbamos a hacer maromas como unas artistas del cirque du soleil, pero con el tiempo la postura final dejó de ser lo más importante. El yoga se fue convirtiendo en un camino para el autoconocimiento y mi práctica en un laboratorio donde experimentaba lo que era estar presente, e integrar mente, cuerpo y espíritu.

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Siempre me gusta hablar desde mis propias experiencias, por eso, aunque hay un montón de cosas interesantes que comentar del yoga prefiero hablarte de lo que más sé, de las lecciones acerca de la vida misma que me ha susurrado el yoga, mientras yo me esforzaba en silencio por hacer las posturas. Estas son sólo algunas, la verdad, porque la lista se me haría infinita:

La meta es importante como idea a la que se aspira, pero no se logra imaginándola en el futuro, sino en el presente dándole importancia a los pequeños pasos que la construyen: A veces el deseo de alcanzar una postura nos aleja del presente apostando únicamente por la posición final, muchas veces sin estar preparados y sordos a las necesidades y capacidades de nuestro cuerpo, cuando la verdad es que es a través de esos pequeños pasos es que nos vamos preparando para alcanzar la postura completa. Si cometemos el error de subestimar las acciones preparatorias no lograremos nuestro objetivo. La particularidad es que sólo cuando hemos transitado el camino y llegamos a la postura, es que nos damos cuenta de que cada paso cumplía una función y era necesario.

No permitas que en la vida el afán por llegar te haga olvidarte del camino. Da valor a cada vivencia, porque algún día entenderás porqué era necesaria y en qué modo te estaba preparando para llegar a tu destino.

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-El dolor esta en el presente, el sufrimiento esta en la mente. El dolor es una herramienta para evolucionar, el sufrimiento es un abismo: Para que tu cuerpo de su máximo potencial debes exponerte en alguna medida al dolor y a la incomodidad, pero tú eliges cómo vives ese momento. Si te anclas en el presente y logras aquietar tu mente, entenderás que ese dolor es la forma como tu cuerpo te comunica que estás confrontando tus límites y te estás expandiendo. Ese dolor ya pasará dejando siempre una recompensa a nivel de evolución y fortaleza, pero si dejas de sentir el dolor en el cuerpo y permites que invada la mente lo conviertes en sufrimiento. Cuando estás allí solo puedes sumergirte más y más, flaquea tu fortaleza interior y un instante se convierte en una eternidad. El cuerpo se tensa, se contrae y lo que debería ser una experiencia expansiva, se vuelve estéril y tortuosa.

La vida también nos expone a dolores, nadie quisiera padecerlos pero no son una elección que nos corresponda, lo que sí podemos es elegir entre padecerlo o solo sentirlo -sin juicios, sin etiquetas, sin pensar el por qué se generó, ni cuando cesará- y permitir así que nos haga ver nuestras limitaciones, hasta superarlas. Solo desde ese sentir, el dolor puede convertirse en ese fuego que te transforme y te haga crecer; dejar que el dolor se apodere de tu mente, solo incrementará tu carga.

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Si tienes miedo, es porque no confías en ti: Ciertamente hay asanas muy retadoras, pero aquello que nos inspira la idea de llevarla a cabo dice mucho de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con nuestras capacidades. Si sentimos miedo es porque no estamos seguros de que tenemos las aptitudes para realizarla.

Ocurre igual con los retos del día a día. Analiza cuáles son tus miedos y te darás cuenta de que el sentimiento encubierto es sentirnos incapaces e insuficientes para salir airosos. El miedo a la pérdida, a la soledad, a emprender un proyecto, tiene aparejada la pregunta oculta, si eso ocurriese ¿podría superarlo?. Aprende a confiar en ti, y verás desaparecer el miedo.

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Actúa, no pienses: Cuando estamos construyendo las asanas, la mente se convierte en un estorbo. Lo que nos corresponde es preservar la actitud meditativa, sentir el cuerpo, y solo hacer lo que hay que hacer, paso a paso. Si damos cabida a que la mente se pronuncie, aparecen las dudas y nos paralizamos.

Si deseas algo en la vida, solo tienes que trabajar para ello. Empezar ya con una acción tendente a tu propósito, no tiene que ser grande, no tienes que tener todo el plan diseñado, sólo empieza. Al hacerlo se diluirán tus dudas. El camino se recorre un paso a la vez, pero el que se queda pensando en el camino nunca llegará al destino.

Como ves, el yoga ha sido un maestro muy sabio y tengo mucho que agradecerle. No sé si ya eres un practicante o si solo haz oído hablar de él, pero si mis palabras resuenan contigo te invito a experimentarlo. Puede o no ser el camino indicado para ti, siempre digo que hay tantos caminos como caminantes, pero te aseguro que si no te gusta, al menos tras la primera práctica tendrás un sueño tan reparador que hará que haya válido la pena.

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P.D. Todas las fotos son de mi primera profe de yoga Maria Carolina Ojeda, tomadas de su cuenta en Instagram @kalina71.

Sobre El Autor

Amante de la escritura y la comunicación. Ser humano en construcción. Recorro el camino del yoga, la meditación y la formación junguiana, para crecer en consciencia. Comparto mis reflexiones acerca de la vida y te invito a comprometerte con tu propio proceso de autodescubrimiento y transformación personal. Instagram soymiguru / www.soymiguru.com

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