Ellos son nuestro enlace con la Historia; los grandes consentidores de nuestra niñez (y hasta la adultez, en algunos casos); esos compañeros que nos esperan en casa para mejorar nuestro día con un pastel, una palabra de aliento o un simple abrazo, aunque sus cuerpos ya no tengan la fuerza de antes para criar y trabajar. Para mí, eso han sido mis abuelos, y estoy segura de que muchos de ustedes han sentido lo mismo.

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Algunos ya se han ido a otro plano; otros, todavía deambulan por los pasillos de la casa, a veces con excelente salud, a veces, llenos de achaques, pero siempre con anécdotas y juegos que les han dado un lugar especial en el corazón de sus nietos. No importa si compartiste mucho, poco o nada con ellos: tus abuelos, a través de la genética y la crianza que dieron a tus padres, de algún modo forman parte importante de quien eres hoy en día.

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Algunos amigos comentaban, respecto a este tema, que si con los padres sabemos cómo nacemos, nuestros abuelos representan el verdadero origen. No es de extrañar, entonces, que a veces nos entendamos mejor con ellos que con nuestros progenitores, a quienes la presión de la responsabilidad, muchas veces, les impide compartir lo suficiente con nosotros o comprender nuestras inquietudes.

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Además, hace unos días, tropecé con un interesante vídeo que habla de cómo el vínculo con la abuela materna en las niñas va más allá de algo emocional, convirtiéndose en un lazo biológico inquebrantable. La explicación está en este corto vídeo:

Tal vez en la cultura anglosajona no sea tan común ver a estos personajes en épocas distintas a Thanksgiving o Navidad, ya que la independencia de la familia es uno de sus valores más arraigados, pero, para los latinos (también los españoles), la presencia de los abuelos es parte fundamental de la experiencia de vida. El núcleo familiar se extiende para dar cabida a los padres de nuestros padres. En muchos casos, su misión es apoyar a sus hijos adultos en la crianza de los más pequeños, creando, de esta forma, un vínculo indestructible que permanecerá en el recuerdo de sus nietos.

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Por supuesto, estoy hablando desde mi propia experiencia. La vida me negó un abuelo (murió unos meses antes de que yo naciera), pero me regaló no dos, sino tres abuelas maravillosas: las biológicas y mi vecina de toda la vida, quien también fue referencia obligatoria en mi crecimiento con sus discos infantiles de vinil y sus galletitas de mantequilla.

Podría extenderme líneas y líneas sobre cómo una de mis abuelas me ponía a dieta estricta para cuidar mi salud mientras la otra me daba refrescos y empanadas para consentirme (la comida siempre ha sido mi debilidad y el ejercicio, mi némesis), pero, simplemente, lo resumiré diciendo que ambas siempre estuvieron ahí para mí y estoy inmensamente agradecida por los momentos que compartimos, por eso sé que ocuparán un lugar especial en mi corazón hasta el fin de mi vida.

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Tristemente, existen casos en los que nuestros viejitos requieren cuidados que en casa es imposible brindarles, por lo cual son internados en alguna institución mejor acondicionada para ellos, pero sabemos de sobra que muchas familias, simplemente, los abandonan a su suerte y no regresan por ellos hasta que es hora de recoger el cadáver (y, tal vez, ni siquiera). La película animada “Arrugas” (España, 2012) retrata esta situación perfectamente. Puedes verla completa aquí:

Si ya la viste, sabrás de lo que hablo. Si no, prepárate para deshidratarte llorando, ya que toca el tema de una forma ante la cual es imposible sentirse indiferente. En lo personal, esta película me ayudó a entender muchos de los achaques de mi abuelo antes de fallecer en 2014, a desarrollar la paciencia y la comprensión para darle a sus últimos años un poco más de paz.

En fin, amigos, los invito a acercarse a sus abuelos y alegrarles la existencia, pues cada hora de felicidad que les brindemos es más tiempo de salud y vida que tendrán junto a nosotros. Y, si ya no están en esta Tierra, aprendan un poco más de ellos, de los tiempos que vivieron o de su papel en la Historia de su país…podrían llevarse una grata sorpresa. Por lo pronto, dejen sus comentarios, experiencias o anécdotas en la sección de comentarios que está más abajo.

Los espero en mi próximo artículo. ¡Hasta pronto!

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Dedicado, con amor, a «Mamá Rosa», una abuela fuera de serie. Que sigamos juntas muchos años más.

 

In memoriam:

Hernán Dupouy (1986)

Elvia Núñez (2003)

Bredys Duvergé (2007)

Aquiles García (2014)

Sobre El Autor

Rose Dupouy

Cantautora. Escritora. Productora. Locutora. Fotógrafa. Emprendedora. Soñadora. Viajera. Grammar Nazi. Sarcástica. Animal Lover.

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