«Hemos creado un sistema que nos persuade a gastar el dinero que no tenemos, en cosas que no necesitamos, para crear impresiones que no durarán, en personas a las que no importamos, ni nos importan» Emile Henri Gauvreay

 

El otro día me vi inmersa en una larga conversación con una señora de edad, amiga de la familia, que me comentaba que el faldellín de bautismo que usamos mis hermanos y yo lo habían portado mi papá, mis tíos y hasta mi abuela antes que nosotros. El tema surgió porque ella alababa las dotes de almacenamiento de esta última, ya que el faldellín había permanecido intacto por tres generaciones. Hoy en día, una blusa bien confeccionada y cuidada hasta el extremo no tiene una vida útil de más de diez años. Llegamos a la conclusión de que la ropa de antes (y no estamos hablando aún de un siglo), definitivamente, supera en calidad a lo que hoy en día puede encontrarse en cualquier tienda para usar y tirar.

 

Lo mismo sucede con nuestros móviles, sistemas operativos, zapatos y hasta relaciones humanas: si algo deja de satisfacernos (muchas veces por ser anticuado o no acorde a la tendencia del momento) nos fastidiamos y dejamos ir. ¿Es la sociedad de consumo la que nos empuja a esto o es un factor inherente en cada uno de nosotros, que busca siempre ser “parte de algo”?

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¡Qué obsoleto!

En esta época donde “lo que no sirve, se bota” (y con esto no pretendo promover la acumulación de objetos/relaciones inservibles), todo pasa de moda con relativa rapidez, especialmente en el mundo de la tecnología. Lo que hoy es cool, mañana es un “dinosaurio”, sin llegar a ser vintage – que también se ha vuelto cool en estos tiempos. Investigando un poco, me encontré con dos términos que definen este fenómeno y, quizás, respondan la pregunta que nos hicimos más arriba:

 

Obsolescencia programada: es la “vida útil” de un producto. Para garantizar la recompra de un cliente, las compañías planifican el tiempo que sus componentes funcionarán, para luego lanzar al mercado una “versión mejorada” que sustituirá, paulatinamente, al producto que tenemos en las manos. Además, estas compañías se asegurarán de sacar de circulación repuestos, accesorios o piezas del modelo viejo para que, cuando los daños comiencen a ocurrir, la única solución sea adquirir el nuevo producto.

 

Obsolescencia percibida: una vez que la “versión mejorada” se ha vuelto la norma en lugar de una innovación, el móvil de hace seis meses luce como un armatoste. Tus amigos notarán – y te harán saber – que ya no estás a la moda y te presionarán para que “te actualices” y seas como ellos. Este tipo de obsolescencia suele ocurrir incluso antes de que la vida útil del producto termine, como se observa, por ejemplo, con los lanzamientos que la industria de la moda realiza, al menos, una vez al año.

 

¿Entonces? ¿Estás diciendo que no tengo mi propio criterio y soy parte de una masa manipulable?

 

Si ya tienes un criterio fuerte formado, felicitaciones; no muchos se atreven a desafiar el status quo, ya que cambiar los paradigmas mentales para no dejarse llevar exige una considerable cantidad de sacrificios. Sin embargo, si este artículo te parece chocante o contradictorio con tu actual estilo de vida, simplemente quisiera invitarte a reflexionar un poco sobre qué es lo verdaderamente importante:

 

Por supuesto, con esto no quiero decir que estoy en contra de los avances que la mente humana es capaz de ofrecer a la sociedad, pero el ritmo del consumismo está cobrándose muchos recursos valiosos de nuestro planeta para satisfacer una demanda desenfrenada la cual, a su vez, está robándose nuestra esencia de seres humanos.

 

Estamos generando niveles de basura insostenibles para la Tierra, excavando recursos no renovables o matando animales de las formas más crueles solo para sentirnos mejor con nosotros mismos, creer que somos parte de algo. ¿Tan poca cosa nos sentimos que marcamos nuestro valor ante los demás con las cosas que compramos? ¿Qué precio estamos pagando por llevar ese estilo de vida?

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Afortunadamente, no todas las noticias son malas. Para quienes se preocupan por la huella que estamos dejando y lo que estamos enseñando a las generaciones que vienen, han aparecido montones de empresas y organizaciones alrededor del mundo cuyas prácticas están centradas en satisfacer las necesidades humanas de una forma ética y sustentable, creando accesorios de plástico reciclado, productos de limpieza biodegradables, ropa elaborada con tejidos orgánicos, realizando aportes a fundaciones y muchos ejemplos más. El pilar de su producción es la sustentabilidad, por lo cual se esfuerzan en elaborar artículos de alta calidad que perduren en el tiempo, así como aquel faldellín que, probablemente, también mis hijos y sobrinos utilizarán en sus bautizos.

“No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita” – Anónimo.

 

Si quieres conocer cómo puedes mejorar tus prácticas de consumo y, a la vez, hacer un aporte a nuestro planeta, comunícate conmigo a través de mis redes:

 

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Sobre El Autor

Rose Dupouy

Cantautora. Escritora. Productora. Locutora. Fotógrafa. Emprendedora. Soñadora. Viajera. Grammar Nazi. Sarcástica. Animal Lover.

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