Alguna vez me ha pasado que, hablando con mis hijos, les he preguntado si sabían las cosas que me gustan y…¡No tenían ni idea! Decían cosas por decir, como ‘las flores’ (toma, y a quien no) ‘los besitos’ (salvo que seas un espécimen en peligro de extinción es de cajón que nos gustan) o ‘los días de sol’…

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En momentos así es cuando una se plantea qué papel tiene en su familia, si es alguien que pasará a los anales de la historia como la mamá que lo intentó todo por sus hijos o la máquina de hacer comida y planchar que ellos veían delante.
Hemos dejado de hacer tantas cosas que nos gustan por dedicarles nuestro tiempo que a veces perdemos nuestra propia identidad.

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Porque, por ejemplo, a quien no le ha pasado que quedar con un grupo de amigas se convierte en ”Misión Imposible”. Es una experiencia con la que poder escribir el guion de la próxima peli de la saga y titularla ”como quedarse esqueleto esperando”.
Un grupo de chicas, una ciudad peligrosa, solas ante el peligro…así es como lo debemos ver porque, parece que atravesar el umbral de la puerta pasadas las 21h, nos supone el mismo vértigo que hacer puenting…

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Para cosas como estas creo poder afirmar que, al menos el 90% de las mujeres, tenemos un máster en ‘Gestión y creación de excusas’.
Está la que siempre está cansada; otra es la que siempre le duele algo; está la que gracias a ella, su casa y el mundo que le rodea se mantiene a flote porque, la llames cuando la llames, siempre está haciendo cosas imprescindibles; pero sin lugar a dura la mejor es la ”no sin mis hijos”, que ha adoptado el papel de lapa y no sabe hacer nada que no gire en torno a ellos.
Y el caso es que, ya sea por una o por otra, se ha pasado el mes de Diciembre y aquí seguimos, sin quedar para vernos.

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Pero qué bonito, eso sí, cuándo todos los planetas se alinean y ¡por fin! conseguimos quedar todas las amigas (una vez cada 2 años, aproximadamente)
Se produce un momento mágico en el que el tiempo se detiene, parece que todo vuelve a ser como antes, las risas por aquí y por allá…hasta que una la caga al meter a los niños en la conversación ¡¡Que tengo niños hasta en la sopa, no me hables de ellos cuando hace dos años que no te veo!!
Pregunto por tus niños por educación, tú por los míos, muy bien que ricos y qué guapos ¡¡Y listo, a otra cosa mariposa!!
Pero no, tenemos que hablar de ellos ¿Y porqué? Pues porque, por mucho que fueran tus amigas del alma y compañeras de juergas con 19 años, hace más de dos que no os veis, y te has perdido cosas por el camino difíciles de recuperar, así que hablas de tus enanos chupavidas, que es un tema muy recurrente.

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Que por otro lado me pregunto yo ¿Cómo he podido pasar de ser la loca de las fiestas, a la loca del barrio que siempre anda regañando a un niño o a otro?
Debe de haber un agujero negro alrededor de los 30, algo así como en el Ministerio del Tiempo, en el que pasas de despertarte con resaca a las 15h a suplicar que no te despierten al menos hasta las 8h, que los sábados una también puede darse un caprichito ¿No?

Cuando los niños son pequeños no deberíamos preocuparnos en exceso por lo que piensan de nosotras, por regla general las madres somos heroínas para ellos, a sus ojos todo lo hacemos bien.
La verdadera prueba llega con la adolescencia, en la que todo está confuso y ven enemigos por todas partes (los padres los primeros)
Y para esto deberíamos intentar reconstruir los pedacitos que quedan de nosotras antes de que llegue esa etapa.
Porque ”una madre es una madre”, y somos capaces de todo por ellos, pero no debemos convertirnos en marionetas a su merced.

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Sé que no siempre es fácil volver a reanudar actividades que hacíamos antes de ser madres, a veces por tiempo, a veces por cuestión económica o incluso por temas físicos (yo no me veo, por ejemplo, volviendo a practicar gimnasia rítmica, jajajajaja..) pero seguro que hay otras cosas que sí podemos hacer incluso compartir con alguno de nuestros hijos.
Reanudar la lectura en pequeños ratitos, sacar una horita a la semana para dar un paseo o hacer algo de ejercicio. Reservarnos un par de horitas al mes para tomar un café con una amiga, por ejemplo, ayuda siempre a despejar la mente y a volver a casa con fuerzas renovadas.

Pensad en las cosas que os componían como persona, lo que sea, y dedicadle de nuevo algo de tiempo porque, si no nos cuidamos nosotras ni nos preocupamos de conocer nuestras necesidades ¿Cómo vamos a esperar que a nuestros hijos les interese?

Sobre El Autor

Patricia Carballeda

Soñadora y creativa, ''con los pies en la tierra, pero la mirada en las estrellas'' Buscadora de nuevos retos. El mejor que encontré: mi marido y mis 3 enanos.Espero que mis consejos os sean útiles de verdad.

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