Hace algún tiempo hablábamos sobre los enormes beneficios que trae para nuestra salud integral tener un compañero de cuatro patitas en casa; hoy, la tortilla se voltea para conversar sobre los efectos potencialmente devastadores de su partida de este mundo, que pueden generar sentimientos tan intensos como si se tratara de otro ser humano.

Y es que, seamos honestos: cada uno de ellos es un miembro más de la familia y, como toda pérdida de un ser querido, despedirnos de ellos suele dejar una profunda marca en todos los aspectos de la vida. No importa si fue corto o largo el tiempo compartido, si fue un evento repentino o la muerte ya se veía venir: los animalitos son esos amigos incondicionales cuya inocencia y ternura nos acompañarán más allá de su vida terrenal.

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Cómo suponemos que es el Más Allá de las mascotas

¿Estoy siendo dramátic@? ¡Era solo un animal!

Las vidas de nuestras mascotas están íntimamente atadas a las del resto de los familiares en el hogar. Ellas tienen una rutina de cuidados y alimentación que, generalmente, es bastante estricta, y nos mantiene organizados para darles la mejor calidad de vida posible. Además, en muchos casos, son la única compañía que tiene alguien, y toda su dedicación y amor se vuelca hacia ese pequeño ser que ronronea o mueve la colita al verlo. Así que es completamente normal que, cuando nuestra mascota enferme o muera, nos sintamos desolados, abandonados y confundidos. Se trata de un ser que nos ha dado sus mejores años sin pedir a cambio más que nuestros cuidados.

Como en todo duelo, tenemos que saber que vamos a experimentar una serie de etapas emocionales que iremos superando y nos permitirán, con el tiempo, seguir adelante sin ese ser querido, recordando los momentos compartidos con más amor que dolor.

Una mirada angelical

Una mirada angelical

Una perrita con un GRAN corazón

Crystal había compartido alrededor de 10 años con nosotros cuando comenzó a toser de forma extraña. Decidimos llevarla al médico ese fin de semana después de mucho insistir de su parte, pero no llegó al día planificado: una mañana, la pequeña poodle toy se desmayó sin más. Mamá la llevó corriendo al veterinario y el diagnóstico fue devastador: su corazón se recrecía y le oprimía sus órganos, produciéndole la tos cardíaca que advertía de su problema. El doctor nos remitió a un especialista, pero la esperanza de vida de nuestra perrita se vio drásticamente mermada.

Modelando

“¿Enferma, yo?”

El cuadro cardíaco comenzó a generar problemas pulmonares y renales que le causaron grandes malestares intermitentes durante esos años, pero, aún así, Crystal lograba recuperarse y regresar a casa. Los doctores no se explicaban cómo ese corazón tan dañado la mantenía viva y alegre, pero así fue durante los años siguientes. La esperanza de vida que los médicos le dieron desde el diagnóstico había sido de apenas un año.

Anticipando el golpe

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El duelo anticipado: ansiedad y dolor antes de que ocurra lo inevitable

Como todo su tiempo de vida a partir de ese año se convirtió en un extra inesperado, comencé a sentir muchísima ansiedad sobre cómo y cuándo sería el día en que nos dejaría. Es el duelo anticipado: esa terrible certeza que reciben los familiares de un paciente terminal, ese escalofrío que acompaña al pensamiento de que cualquier momento podría ser EL momento.

Saber que su tiempo era limitado nos dio una nueva perspectiva y nos unió aún más en pro de darle calidad de vida y, aunque ocurrieron muchos episodios donde parecía que la muerte lograría llevársela, su partida fue totalmente inesperada, sin malestar ni agonía. Simplemente se fue, desafiando todas las expectativas que había creado en mi mente respecto a ese momento.

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Angelitos en la Tierra y en el Más Allá

Después de la muerte

Las etapas del duelo no necesariamente ocurren de forma lineal ni ordenada. A veces, incluso, uno puede regresar a la que se creía superada. Simplemente les contaré, sin mucha ciencia de por medio, cómo ha sido mi proceso – que, por cierto, apenas está comenzando.

Lo primero, por supuesto, fue el shock: esa incapacidad de reaccionar ante la noticia, lo cual nos hace sumirnos en un estado de negación. Nada había ocurrido. Todo estaba “excesivamente normal”. La vida estaba igual que siempre.

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Entonces, vi el cuerpo: todo se fue tornando más real cuando no despertó de su sueño. El corazón dio un vuelco y llegó el vacío en el estómago. Aunque mi mente sabía que se había ido, mi corazón me tentaba a inventar algo, cualquier cosa (si Jesús levantó a Lázaro, ¿por qué yo no podía regresar a mi perrita?). Se trataba de la etapa de negociación:

No estuve ahí cuando ocurrió. De hecho, estaba en otra casa, de reposo médico. Y quien se quedó con ella cargaba con la culpa de no haberle podido salvar la vida. Pero mi ira no estaba dirigida hacia él, sino contra ella. “¿Cómo osó hacerme esto A MÍ, que la he cuidado tanto?”. No tenía sentido molestarme con un animalito inocente, menos por morirse, pero son momentos muy irracionales. Y la rabia me devoró por varios días.

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La depresión, sin embargo, se solapó con todo lo demás: Crystal Gem ya no existía en este plano. Sus cositas eran todo el recuerdo que me quedaba de ella. Tendría que entrar a mi casa y no ser recibida por mi querida compañerita que dio todo por estar junto a nosotros, incluso aguantar tanto dolor. Trataba desesperadamente de aferrarme a su recuerdo para estar segura de que esos 13 años y un poco más no habían sido solo un sueño.

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La depresión suele ser la etapa más larga del duelo

Después de muchas, muchas lágrimas, solo puedo decir que llega la aceptación. Es una etapa que comienza y luego retrocede, pues son solo el tiempo y la costumbre los que harán que se pueda entender la nueva realidad sin ese ser tan importante y querido.

Esta es mi experiencia, pero, aunque estoy segura de que el proceso será largo y doloroso, también sé que se encuentra paz con cada buen recuerdo que ese ser especial marcó con sus huellitas en nuestros corazones. Y sé que, como en todo, uno al final se acostumbra y el dolor va remitiendo hasta que podemos sentirnos tranquilos y abrirnos a disfrutar de nuevo la vida.

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La aceptación llega cuando puedes recordar sin dolor los buenos momentos compartidos

¿Eso incluye una nueva mascota?

Cada quién conoce lo que es capaz de ofrecer y los expertos recomiendan no tomar una decisión tan importante en medio del dolor de la pérdida. Así como hay quienes se juran a sí mismos no volver a tener mascotas por lo afectados que han quedado con la muerte de su compañero, también están quienes saltan inmediatamente a adoptar otro amiguito peludo, esperando reconfortarse de tanto sufrimiento.

No hay nada de malo en cualquiera de los casos, pero debemos estar claros de que un nuevo animal jamás podrá sustituir al que perdimos, sino que se trata de una relación completamente diferente que traerá sus propias alegrías y desazones. Cada animalito cumple un ciclo en nuestras vidas y nos enseña valiosas lecciones que nos toca aplicar una vez que cruzan el arcoíris.

Y tú: ¿has pasado por algo similar? ¿Te quedaron algunas dudas sobre cómo manejar el duelo por tu mascota? No olvides comentar al final de este artículo y contarnos tu experiencia. ¡Hasta la próxima!

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In memoriam
Crystal Gem Dupouy
17/11/2003-28/02/17

Sobre El Autor

Rose Dupouy

Cantautora. Escritora. Productora. Locutora. Fotógrafa. Emprendedora. Soñadora. Viajera. Grammar Nazi. Sarcástica. Animal Lover.

4 Respuestas

  1. Yosmar B

    En parte me identifico con esto : – “Así como hay quienes se juran a sí mismos no volver a tener mascotas por lo afectados que han quedado con la muerte de su compañero” … hace ya casi 3 años que no tenemos mascotas en casa , extraño a veces esa peluda compañía, yo personalmente a pesar de que ya ha pasado tiempo no me siento lista ni emocional ni económicamente preparada para darle a un animalito los cuidados que merece, han sido varios perros y gatos los que pasaron por nuestras manos , es inevitable sentir que pudimos haber hecho algo mas por ellos y aun así la historia siempre es la misma, al no tener una vida mas larga que la nuestra siempre nos toca verlos partir , y eso me resulta demasiado doloroso! pensar que en promedio cada poco mas de 10 años hay que pasar por ese sentimiento para mi es insoportable, me gustan mucho los animales pero hoy puedo asumir con madurez que aunque me encantan, no siento que pueda encargarme de uno otra vez… Al menos no por los próximos años

    La historia de nuestras 2 ultimas gatas que pasaron por enfermedades agónicas y complejas me dejaron recuerdos muy tristes…

    Lo mas importante de todo es seguir adelante, con o sin mascota ! atesorar los recuerdos de los momentos vividos y permitirse el tiempo que sea necesario para sanar.

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