Últimamente, cuando me reúno con amigas, surge en nuestras conversaciones este tema de forma recurrente.
Cada vez es más común tener que tirar de terceras personas que cuiden de la casa y de nuestros hijos para que las mujeres podamos subirnos al tren laboral sin quedarnos atrás.

Algunos tienen la suerte (o le echan un morro tremendo, según se mire) de contar con la ayuda de abuelos que les solucionan la papeleta cada día. Abuelos que echan el resto en una edad en la que deberían dedicarse a pasear, ver museos y poco más, pues ya dieron su vida por nosotros en sus tiempos mozos, y sin embargo andan detrás de nuestros querubines como si no hubiera un mañana, volviendo a aceptar un papel de educador que la verdad, creo que no les corresponde.

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No digo que de forma puntual no sea bueno que lo hagan, es más, nunca está de más que así sea. El papel de un abuelo es fundamental en la evolución de todo ser humano. Los abuelos siempre han sido y serán grandes fuentes de sabiduría, no hay más que tirar de refranero y tener en cuenta el dicho de ‘’más sabe el diablo por viejo, que por diablo’’.
Muchos de nosotros hemos crecido arropados por su cálido manto, embobados periódicamente por sus grandes batallitas, esas que nos hacían soñar con ser mayores algún día para vivirlas en primera persona.

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Ellos nos enseñaban desde la sombra los misterios de la vida, que para las matemáticas y la lengua ya estaban nuestros padres o profesores. Con ellos era imposible revelarse pues enseguida sacaban sus truquitos zalameros preparándote tu comida favorita, tapándote una mentirijilla delante de tus padres o dándote esa paga poco sustanciosa, pero tan significativa, pues les había costado sudor y lágrimas ganarla.

Tener a un abuelo cerca para aprender de ellos lo que los padres no somos capaces de transmitir (bien por falta de tiempo bien por falta de paciencia) y para que, de cuando en cuando,nos hagan la cobertura para poder seguir adelante sin estrangular algún niño por el camino, es un acierto seguro.

El resto de los mortales que no tienen la suerte de ser de la liga de ‘’pon un abuelo en tu vida’’ tienen que invertir parte de su sueldo en buscar una persona que les eche una mano en casa y ahí…amigo…los inconvenientes que se pueden encontrara veces son más que los beneficios.

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Como diría Gracita Morales…‘’Señoriiito, cómo está el servicio’’ ¡¡La de veces que habremos podido escuchar esta frase!! Era imposible no reírse a carcajada limpia por el tonito con el que la decía.Y si en aquella época ya estaba mal qué decir ahora.

Parece que cualquiera puede trabajar limpiando una casa, cuidando niños o, lo que es más alucinante, cuidando personas mayores dependientes.Una cosa es que tú en tu casa lo tengas que hacer porque no te quede más remedio y otra muy distinta profesionalizar, en un abrir y cerrar de ojos, las dotes culinarias que supuestamente tienes…

Para realizar un servicio de este calibre hay que estar preparado, no tomárselo a la ligera, partiendo de una premisa fundamental: que el papel del que lo realiza es imprescindible en la vida de las personas a las que ofrece su trabajo, que sin esa ayuda la familia lo tendría todo más difícil o que con un trabajo bien hecho se puede ser responsable directo de la felicidad de muchas personas.

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Pero por desgracia cuesta encontrar personas así, con esa vocación de servicio. Se estila más el ‘’voy a lo mío, a cumplir con mis tareas básicas y a poner la mano a final de mes’’ perdiendo de vista los medios para llegar al fin.
Y es que ponernos al servicio de terceros debería ser vocacional y como toda vocación, nacer del corazón. Y si no mejor dedicarse a otra cosa.
Porque uno puede formarse para ser médico o profesor, pero si no le sale del corazón tener una paciencia extrema con los niños o sentir caridad por el enfermo lo siento, pero difícil será llegar a ser un buen profesional en su campo.

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No todos estamos llamados a realizar las mismas tareas y por supuesto no todos estamos llamados a la misma vocación. Este es un error muy común en la sociedad de hoy en día.
Es cierto que en los tiempos que corren cuesta más hacer que vocación y profesión vayan de la mano, pero en nosotros está que la tareas que se nos encomienden las realicemos de mejor o peor manera.
Entiendo que si un maestro no encuentra trabajo y tiene que trabajar, por ejemplo de camarero, que no es lo que a él le gustaría realmente, se desanime e incluso se frustre, pero no por eso debería menospreciar su labor y aún menos cuando con ella está haciendo un bien a otros.

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Porque el camarero educado que te sirve la coca cola o el café con una sonrisa puede ser el responsable de alegrarte esa dura mañana que has tenido en la oficina; el barrendero que limpia la suciedad de la calle puede ser el responsable de que salgas cada día de casa con mejor o peor humor, pues a todos nos gusta ver nuestra ciudad limpia para poder pasear y disfrutarla como es debido; el dependiente o vendedor que te ofrece lo que realmente necesitas con alegría y humor y no te encasqueta lo primero que pilla para que le dejes tranquilo puede ser el responsable de que te sientas escuchado, si es que en tu vida no hay alguien cerca que te preste atención.

Desconocemos los problemas de la gente con la que nos topamos a diario y, por desgracia, hay más gente sola de la que pensamos; no nos paramos a pensar que, con un simple gesto amable, podemos cambiar el día de muchas personas y hacerlo más luminoso.
Seamos conscientes de que servir a los demás no es ser esclavo de nadie, sino el gesto de amor más delicado que existe, una vocación que va más allá de trabajar limpiando casas o sirviendo mesas.

Y para todo aquel que requiera del servicio de terceros, no deberíamos dar las cosas por hecho. Confiar en alguien sólo porque nos lo ha recomendado la amiga de la amiga de mi amiga a veces no funciona y conlleva en ocasiones frustraciones para ambas partes, y con esto hay que tener mucho cuidado. En conclusión, confiar lo justo, pero también ser cautelosos y hacer de tu vida una vocación al servicio de los demás.

Sobre El Autor

Patricia Carballeda

Soñadora y creativa, ''con los pies en la tierra, pero la mirada en las estrellas'' Buscadora de nuevos retos. El mejor que encontré: mi marido y mis 3 enanos.Espero que mis consejos os sean útiles de verdad.

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